Don Ash


En una ocasión tuve una paciente que no podía recordar lo que le había pasado después de sufrir un accidente de tráfico. Era una madre soltera y llevaba en el coche dos niños pequeños. Ahora sentía mucho dolor, era infeliz y estaba preocupada porque el rango de movimiento en el cuello y brazos se había reducido mucho y ya duraba más de un año. Tenía miedo de seguir cuidando de sus niños. Había visitado traumatólogos y neurólogos. Nada parecía ayudarle.

Cuando vino a mí, le expliqué la terapia y el ritmo craneosacral. También le hablé de liberaciones y de dejar que el cuerpo soltara lo que deseara, le pedí que se tumbara de espaldas y empecé a escuchar el ritmo en sus pies, después en sus muslos y más adelante en su pelvis. Cuando estaba en el diafragma pélvico, ella se giró delicadamente y asumió la posición fetal, cerró los ojos y comentó que le dolían los tobillos, muñecas, hombros y cuello. Dijo que podía ver algo de color rojo, y entonces se puso a llorar. Su ritmo se había detenido.

Mantuve las manos en posición sobre el diafragma pélvico, con la paciente de lado. Le dije que estaba liberando recuerdos físicos y emocionales contenidos en su cuerpo, y que si podía continuar este proceso unos minutos más sería de gran ayuda.

Ella fue capaz de continuar con el proceso durante cinco o seis minutos y entonces dejó de llorar, se enderezó sobre la camilla, se sentó y dijo: “¡Sabes, ahora puedo recordar el accidente! Vi el poste telefónico venir hacia mí e intenté pisar con fuerza los pedales, pero mis pies quedaron por debajo de ellos. Recuerdo que sentí mucho miedo y pensé en quién cuidaría de mis hijos y que les pasaría. Cuando vino el golpe, sentí dolor en los tobillos, las muñecas y los hombros. Escuché un ruido seco en el cuello y lo último que vi justo antes de que todo se volviera negro era el capo rojo de mi coche rompiendo el parabrisas”.

Intentó girar el cuello y exclamó: ” vaya puedo girar el cuello sin dolor ¿qué ha pasado?” Le expliqué los puntos de parada y los detectores de significado. Es decir, su cuerpo se había puesto en la posición que necesitaba para liberar los efectos del trauma del accidente de tráfico. También se produjo una liberación somato emocional que liberó la carga emocional que acompañaba el trauma en el momento del impacto e inmediatamente después.

Extracto de Don Ash, Lessons from the Sessions: Reflections of Journeys in CranioSacral Therapy.